Recuerdo
de pequeña estar en la calle; saltar, correr, ir en bici, patinar,
escalar, y hacer muchos deportes.
Siempre jugaba con los chicos al fútbol, se me daba bien y se me sigue dando bien. Era lo que más me apetecía hacer. Nunca pude estar en un equipo
porque por aquel entonces no había de niñas ni tampoco mixtos, así que me
conformaba con jugar en la calle envidiando a los niños que sí que
podían tener su equipo. De mayor (22años) logré convencer a algunas amigas y
formamos un equipo de fútbol. Fue muy bonito para mí, ponerme
la equipación y elegir mi número (11). Perdimos prácticamente todos
los partidos por goleada, sin exagerar, perdíamos como de 15.
En ese tiempo aprendí tanto a compartir, a superarme, a trabajar en equipo, a manejar las frustración, a ser solidaria, a confiar en mis compañeras y a disfrutar, me reí muchísimo, fui inmensamente feliz. Cuando empatábamos era una victoria para nosotras. A veces, aunque perdíamos como la mayoría de las veces, si alguna de nosotras había logrado marcar un gol, ese gol era celebrado por todas, ese gol era de todas. Era fruto del esfuerzo, del compañerismo, de la ilusión, del ser equipo. Nos llamábamos Utopía Sur.
